En un contexto marcado por la transición energética y la descarbonización, la incorporación de nuevas tecnologías vinculadas a la movilidad eléctrica y al almacenamiento de energía plantea nuevos desafíos en materia de seguridad contra incendios. El uso creciente de baterías de litio, sistemas BESS, hidrógeno o pilas de combustible, aunque supone un gran avance tecnológico, conlleva riesgos emergentes que a menudo no están contemplados en la normativa vigente. Esta realidad obliga al sector a anticiparse y adaptarse mediante el ensayo y la evaluación de sistemas de protección específicos. Desde Applus Laboratories, con una trayectoria consolidada en la certificación y análisis de sistemas contra incendios, se quiere destacar la importancia de contar con mecanismos rigurosos que permitan garantizar la seguridad y la fiabilidad de estos nuevos sistemas frente a escenarios de riesgo aún poco explorados, pero en clara expansión.
En el contexto actual de descarbonización y desarrollo tecnológico relacionados con la movilidad, el almacenamiento y el transporte de energía, surgen nuevos riesgos de incendio y explosión que es necesario abordar.
La electrificación de vehículos o sistemas de almacenamiento de energía, muy relacionados con baterías de ion-litio y otros tipos químicos, el hidrógeno y las fuel cells, son un claro ejemplo.
En el ámbito de la movilidad, el vehículo eléctrico ya es una realidad en continuo crecimiento, desde patinetes eléctricos, motocicletas, coches, camiones y autobuses hasta embarcaciones y aviones. En una fase menos desarrollada, pero ya presente y con fuertes expectativas de crecimiento e implantación, se encuentra el hidrógeno, ya sea como combustible del propio vehículo —coches, autobuses, camiones, aviones o barcos— o como combustible para la producción de electricidad, a través de las denominadas fuel cells y electrolineras.
En cuanto a los sistemas de almacenamiento de energía, los Battery Energy Storage Systems (BESS, por sus siglas en inglés) están a la orden del día y en continuo desarrollo e implementación, ya que permiten almacenar la energía producida y consumirla cuando se requiera. Estos sistemas adoptan múltiples formas —desde contenedores marítimos hasta pequeños armarios—, con una amplia variedad de potencias eléctricas, y se instalan en centros de producción eléctrica como parques solares o fotovoltaicos, así como en edificios, industrias o medios de transporte como embarcaciones.

Estas nuevas tecnologías representan un nuevo riesgo de incendio y explosión. Esto no significa necesariamente que el riesgo sea mayor que el de las tecnologías actuales, pero sí que se trata de riesgos completamente nuevos o conocidos, asociados a nuevas aplicaciones que, en muchos casos, no están contemplados en la reglamentación actual. Además, los sistemas de mitigación y control de estos riesgos —como podrían ser los sistemas de protección contra incendios— no disponen de un marco normativo bien definido o de una normativa de ensayo específica.
A menudo, la normativa y regulación van un paso por detrás del desarrollo tecnológico. Aunque desde distintos comités nacionales y europeos de normalización se trabaja en ello —como es el caso del comité europeo CEN TC 191 WG6 TG5, que está creando una normativa y protocolo de ensayo para sistemas de extinción en sistemas de almacenamiento de baterías de ion-litio, y en el que Applus participa activamente— estos procesos suelen ser lentos. No obstante, es importante destacar y dar a conocer que existen mecanismos para evaluar la eficacia y prestaciones de sistemas de protección contra incendios, ya sean innovadores o convencionales, diseñados para nuevas aplicaciones. Estas evaluaciones pueden realizarse dentro de un marco regulador o desde los propios laboratorios mediante ensayos y evaluaciones específicas.
En el ámbito del Reglamento de Instalaciones de Protección Contra Incendios (RIPCI), existe el artículo 5.3 relativo a las Evaluaciones Técnicas Favorables de Idoneidad. En él, el Ministerio ha reconocido ciertos laboratorios y organismos para llevar a cabo evaluaciones de productos o sistemas innovadores que no disponen de normativa reconocida en el RIPCI, o cuando las características específicas de aplicación y uso de un producto convencional no encajan en el alcance de la normativa de referencia reconocida en el mismo. Serían ejemplos de ello los sistemas de detección de incendios por termografía, bocas de incendio equipadas de alta presión, sistemas convencionales de rociadores o agua nebulizada con agentes extintores de agua y aditivos para aplicaciones específicas como pueden ser aparcamientos o puntos de carga de vehículos eléctricos, sistemas de extinción para cuadros eléctricos, sistemas de extinción para almacenamiento de baterías eléctricas —ya sea en estanterías o en cajas para su transporte—, mantas ignífugas para incendios de vehículos eléctricos, entre otros muchos que vendrán.

La Evaluación Técnica Favorable de Idoneidad consiste en el estudio detallado de las prestaciones, características, aplicación y riesgo a proteger que el fabricante desea cubrir; la definición de un protocolo de ensayo específico basado en normativa existente (aunque no reconocida en el RIPCI), bibliografía, estudios realizados y experiencia del laboratorio; la ejecución del ensayo, así como la evaluación, control de fabricación y certificación. Todo ello permite equiparar estos productos o sistemas a cualquier sistema con marcado CE o con normativa de ensayo reconocida en el RIPCI, facilitando así la legalización y uso de la instalación dentro del ámbito del RIPCI.
Por otra parte, debe destacarse la capacidad de los laboratorios para ensayar y evaluar sistemas innovadores o con aplicaciones muy concretas en los que no existe una reglamentación específica o esta no resulta aplicable, ya sea porque no lo regula o porque no exige medidas de protección contra incendios. En muchos casos, la normativa de protección contra incendios establece requisitos mínimos. En estas situaciones, son los propietarios, gestores de infraestructuras, empresas, aseguradoras y otros quienes exigen que una tercera parte independiente garantice las prestaciones del sistema conforme a los objetivos definidos.
Frente a nuevos riesgos, nuevas soluciones y productos y sistemas de protección contra incendios ensayados y evaluados por laboratorios y organismos reconocidos de acuerdo con el marco regulador aplicable y acreditados según la norma ISO/IEC 17025:2017, que garantiza la realización de los ensayos y evaluaciones bajo estándares de calidad y profesionalidad.

