Vida útil de los detectores de incendios

La protección contra incendios exige sistemas de detección fiables, estables y capaces de responder con precisión a lo largo del tiempo. Los detectores de incendios, como cualquier dispositivo electrónico, están sujetos a procesos de envejecimiento que pueden comprometer su sensibilidad y, en consecuencia, su eficacia operativa. Garantizar su mantenimiento, así como establecer criterios objetivos sobre su vida útil, es clave para asegurar una detección temprana y minimizar riesgos, falsas alarmas o fallos de respuesta. En este contexto, Detnov ha elaborado el presente artículo técnico con el objetivo de ofrecer un análisis riguroso sobre los factores de degradación de los detectores, el marco normativo aplicable, la evidencia basada en estudios y las implicaciones prácticas para el sector.

 

La vida útil de los detectores de incendios (ópticos de humo, térmicos, multicriterio, por aspiración, etc.) es un aspecto clave de la seguridad contra incendios. Con el paso del tiempo, todo sistema técnico sufre degradación en sus componentes, razón por la cual, se desarrollan rigurosos planes de mantenimiento que permiten sostener la funcionalidad y eficacia de la máquina, proceso o sistema. Estos planes de mantenimiento incorporan necesariamente, planes de reemplazo de sus componentes críticos, ello garantiza el cumplimiento de los objetivos esenciales del sistema a lo largo de su vida útil e incluso más allá. El sistema de detección y alarma de incendio es también un sistema técnico que no escapa de esa lógica y donde infinidad de causas relacionadas con el producto, con el uso o con las condiciones operativas, incidirán en   sensibilidad de los sensores o en sus componentes electrónicos que envejecen y se degradan, aumentando el riesgo de falsas alarmas, la eficacia en una respuesta temprana o —peor aún— no detectando el principio físico, humo o calor.

A continuación, expondremos algunos aspectos técnicos que explican por qué es necesario establecer una vida útil para los detectores. Empezaremos hablando de la deriva de sensibilidad, eso significa que los detectores ópticos van acumulando suciedad y aerosoles en la cámara óptica, llegando a un punto que es imposible la compensación que disponen algunos detectores y haciendo que su fiabilidad se haya deteriorado. Algunas regulaciones han incorporado esta prestación al determinar los periodos de reemplazo de detectores, conviniendo por ejemplo que aquellos detectores que incluyen esta prestación su periodo de reemplazo se extienden por ejemplo de 6 a 8 años (DIN 14675-1).

Otro factor muy importante es el envejecimiento electrónico, los componentes que forman el detector como los leds emisores/receptores pierden potencia lumínica o sensibilidad al cabo del tiempo alterando la respuesta del detector.  De forma muy específica, los condensadores, que son un elemento en el funcionamiento de los sistemas electrónicos, pierden prestaciones con el calor, la humedad y otros cambios climáticos, hay que entender que estos elementos están funcionando durante todo su periodo de funcionamiento y sufren un desgaste en sus prestaciones.

Con los años, se acumulan polvo, aerosoles, grasas o sales en la cámara del detector. Esto reduce la cantidad de luz dispersada (en detectores ópticos) o altera la transferencia de calor (en detectores térmicos).

La ubicación del detector tiene una gran influencia en su durabilidad, en ambientes sucios como: cocinas industriales, aparcamientos, ambientes cercanos al mar aceleran el envejecimiento de los detectores

A pesar de que la gran mayoría de los detectores del mercado disponen de sistemas de compensación para que su fiabilidad sea siempre la misma, con el paso del tiempo el umbral de suciedad y el umbral de alarma están demasiado próximos, dependiendo de los parámetros de calibración del detector llegamos a una situación de riesgo, demasiada sensibilidad genera falsas alarmas y poca sensibilidad conllevará detección tardía.

Durante los últimos años ha crecido la preocupación sobre este tema y varios centros de estudios del campo de la seguridad, así como algunas universidades han realizado diferentes ensayos con detectores que habían estado en funcionamiento durante un periodo largo de tiempo. Un estudio británico ha encontrado que la sensibilidad aumenta con la edad, lo que lleva a más falsas alarmas en entornos limpios después del décimo año. Otro estudio bajo los estándares EN-54 observó que las respuestas variables de los detectores impactan significativamente la fiabilidad a partir del noveno año.

En resumen, con un realizándole un mantenimiento ideal de los detectores, el tiempo degrada el rendimiento y justifica un horizonte de sustitución razonable.

Marco normativo vigente en España

El Reglamento de instalaciones de protección contra incendios (RIPCI, RD 513/2017), establece expresamente que “la vida útil de los detectores de incendios será la que indique el fabricante; si el fabricante no establece una vida útil, se considerará de 10 años”.

En el Reglamento de seguridad de protección contra incendios establecimiento industriales (RSCIEI, RD 164/2025), establece lo mismo que el RIPCI con una sustancial diferencia que es que “una vez superada su vida útil, se sustituirán, salvo que se verifique que su estado de funcionamiento (fiabilidad, sensibilidad, tiempo de respuesta y estado de los componentes internos) sigue siendo apto para el servicio. Esta verificación se realizará una vez superada su vida útil y cada 5 años sucesivamente, tomando una muestra de unidades representativa. En el caso de detectores instalados con anterioridad a la publicación del Real Decreto 513/2017, de 22 de mayo, y que no tengan fijada una vida útil por su fabricante, esta verificación se realizará a partir de que lleven diez o más años en funcionamiento.”

Las aseguradoras y auditores de seguridad pueden rechazar siniestros si se demuestra que los detectores superaban su vida útil reglamentaria. Sustituir a tiempo protege la responsabilidad legal y patrimonial del titular.

¿Qué ocurre en otros países?

Vamos a exponer la situación de diferentes países, vamos a empezar con la NFPA 72 que regula como instalar y mantener en los Estados Unidos y muchos países de Latinoamérica, su recomendación es sustituir los detectores a los 10 años. En los Países Bajos requiere la sustitución de los detectores de humo a los 5 años o a los 8 años en caso de estar el sistema conectado a un centro de monitorización, siendo muy parecido en Suiza, con 6 y 8 años respectivamente. En Alemania requiere la sustitución de los detectores a los 5 años para aquellos que no dispongan de compensación de suciedad o a los 8 años en caso de tenerlo o realizando un chequeo anual de los niveles de disparo. En Italia se requiere la sustitución a los 12 años, mismo periodo de tiempo que en China.

Implicaciones prácticas para los propietarios y mantenedores

Será necesario disponer de un inventario con “fecha de caducidad” por cada detector (modelo, número de serie/lote y fecha de fabricación/instalación), así como un plan de sustitución escalonado para poder ejecutar la inversión necesaria.

Cuando se reemplace los detectores se tendrá que realizar una comunicación de los cambios: si se sustituye por tecnología distinta (p. ej., de ópticos puntuales a multicriterio o a aspiración), actualizar diseño, zonificación y compatibilidad (UNE-EN 54-13) y certificados.

Recomendamos, renovar por lotes para facilitar la trazabilidad y reducir falsas alarmas por mezcla de fechas de fabricaciones de los detectores.