SOLER & PALAU nos acerca a un tema de mucha actualidad, el impacto del fuego en los vehículos eléctricos y las implicaciones asociadas a adoptar una posición más favorable a reducir riesgos o a mantener costes.

 

La revolución de la movilidad está en boca de todos. Es el concepto de moda para referirse a los cambios que están sucediendo con respecto a la manera en que la gente se desplaza. El viejo coche de motor de combustión está siendo reemplazado por bicicletas, patinetes y automóviles eléctricos. Este cambio en el paradigma del transporte tiene también sus efectos en el diseño de los recintos dónde se guardan y se cargan estos vehículos: los aparcamientos.

El Código Técnico de la Edificación (CTE) incluye, ya desde su versión de junio de 2022, en su artículo 15.7 la exigencia básica HE 6, en la que se incluye el requisito de incluir infraestructuras mínimas para posibilitar la recarga de vehículos eléctricos. Pero,¿cuáles son las implicaciones asociadas en el nivel de seguridad en caso de incendio?

Hoy en día, hay estudios que parecen respaldar la seguridad de los coches eléctricos, asignándoles una probabilidad de generar un incendio inferior a la de un coche con motor de combustión. Pero, ¿es suficiente la muestra de los datos disponibles con la flota de vehículos eléctricos actual para que este análisis sea correcto? Y aún más importante, ¿se mantendrán estas estadísticas cuando dichos vehículos envejezcan y queden más expuestos a los daños y averías derivados de un uso prolongado?

El tiempo dará respuesta a estas cuestiones. Lo que a día de hoy sí que se puede decir con certeza es que el impacto del fuego en un vehículo eléctrico se haya originado o no en este, es muy superior al de un vehículo de combustión. Ello se debe a: I) la rapidez con la que se desarrolla el fuego es mayor, produciendo mucho más humo y más rápidamente; II) el humo generado por el fuego de una batería es a su vez mucho más tóxico, pudiendo generar productos como hidrógeno o cianuro; y III) la intervención es muchísimo más compleja, requiriéndose cantidades ingentes de agua durante un período muy prolongado para primero enfriar el fuego (y así evitar su propagación) y después extinguir por completo el fuego de la batería.

En ese sentido, los equipos de bomberos ya están trabajando para intentar facilitar la intervención en la medida en la que el actual reglamento lo permite, ya que no ha indicado ninguna consideración adicional en la seguridad en caso de incendio. Medidas como ubicar las plazas para vehículos eléctricos cerca de las rampas y en los niveles más cercanos a la calle pueden marcar la diferencia a la hora de que la intervención se pueda llevar a cabo. No obstante, ¿son estas medidas suficientes para proporcionar un adecuado nivel de seguridad a los ocupantes y a los equipos de bomberos o el CTE debería aumentar los requerimientos para poder mantener el nivel de seguridad en los aparcamientos ante la nueva realidad?

Como hemos visto, responder a esa cuestión con los datos disponibles a día de hoy es difícil. No obstante, cabe destacar que sí se dispone de tecnología para aumentar el nivel de seguridad por encima de lo que indica el reglamento. La utilización de rociadores (que en muchos casos no está prescrita por el reglamento) puede ser de gran ayuda para evitar la propagación del incendio hasta que los equipos de bomberos puedan llegar al aparcamiento. Y en lo referente al sistema de evacuación de humo, la utilización de otros métodos como, por ejemplo, la ventilación por impulso puede permitir aumentar la capacidad de extracción.

Existen, además, normas de diseño que respaldan el uso de estas tecnologías. Concretamente, para el sistema de evacuación de humo, la UNE 100166:2019 resulta de gran ayuda para definir un sistema de ventilación en aparcamientos que cubra los mismos objetivos que el CTE pero satisfaciéndolos en un grado superior. Esta norma incluye los objetivos asociados a salubridad y eficiencia, y satisface los objetivos de seguridad en caso de incendio mediante un enfoque Smoke Clearance. Este concepto, definido en la Sección 9 de la BS 7346-7, busca proporcionar una evacuación de humo diluida, sin satisfacer unos niveles de visibilidad o temperatura específicos.

Este concepto se contrapone con el de Smoke Control, definido en la Sección 10 de la BS 7346-7. En este caso, no solo se busca reducir la temperatura y la cantidad de humo en el aparcamiento, sino que también se busca hacerlo hasta unos niveles concretos para favorecer la intervención de bomberos. La recientemente publicada CEN/TS 12101-11 propone varios planteamientos para satisfacer ese objetivo, todos ellos con un caudal de extracción significativamente por encima de los limitados 150 l/s por plaza que marca el Documento Básico de Seguridad en caso de Incendio. Pero quizás lo más novedoso de esta norma de diseño es que es la primera que indica que puede ser utilizada también para vehículos eléctricos.

No obstante, recurrir a tecnologías que proporcionan un nivel de seguridad mejorado cuando esos niveles no están prescritos por el reglamento resulta prácticamente imposible. Nadie está dispuesto a asumir los costes. De este modo, la pregunta aquí es inmediata,¿es realmente necesario aumentar el nivel de seguridad que prescribe el CTE ante la llegada del vehículo eléctrico?

Los datos indican que, aunque estos incidentes son muy aparatosos, el número de víctimas de incendios en aparcamientos es bajo. Para los equipos de intervención la visión puede ser distinta, porque en ocasiones les resulta imposible acceder cuando el fuego se produce en un recinto subterráneo de baja altura, en cuyo caso se suele perder el edificio entero. Por otro lado, el número de incendios de automóviles eléctricos en aparcamientos es muy bajo a día de hoy, en parte debido a que la proporción de estos vehículos es inferior y son relativamente nuevos. Consecuentemente, no es posible argumentar razonadamente las implicaciones asociadas a adoptar una posición más favorable a reducir riesgos o a mantener costes.

Además, la respuesta a este dilema entre riesgo asumible y costes varía mucho de una persona a otra, porque la percepción de riesgos es algo muy subjetivo. No va a responder de la misma forma una persona que se haya visto expuesta a un incidente así que una que no, ni una de un país donde en general las necesidades básicas están cubiertas que una que, por ejemplo, se encuentre en un país en guerra.

En cualquier caso, lo que sí que está claro es que las asociaciones normativas, ingenierías y fabricantes disponen ya de la tecnología y de los conocimientos para dar respuesta a una mejora en los niveles de seguridad en aparcamientos, reduciendo los riesgos de incendio, solo falta que el reglamento respalde esa necesidad.